Tengo que admitir una cosa: no me gustan mucho las películas de miedo en general. Se me conoce por esconderme detrás de mi caja de palomitas durante los momentos nerviosos (bueno, ¡dos cosas!). Pero el problema no es solamente mi aversión hacia los sustos. También, no puedo librarme de la sensación de que las técnicas que se usan para crear este ambiente sean esencialmente previsibles. Claro que no espero que cada director que tenga algo interesante que decir invente un lenguaje original en el que decirlo, pero para mí, el vocabulario tan manido puede ocultar el mensaje. A pesar de unas ideas interesantes, El Orfanato (dir. Juan Antonio Bayona; México/España; 2007) no es la película que me libre de esa opinión.
Consideremos los indicios. Un matrimonio bastante típico, con un hijo adoptivo, resuelve comprar un antiguo orfanato gótico en el que la mujer se había criado. Luego su hijo, Simón, empieza a hablar con “amigos imaginarios”, quienes le cuentan cosas molestas sobre su familia adoptiva y su pasado. Cuando Simón desaparece con estos mismos amigos fantasmales, su madre tiene que seguir el “juego” de ellos para recuperarlo. Naturalmente, este juego consiste en ir solo a varios lugares oscuros y espeluznantes. También hay otros temas conocidos: un médium y una sesión de espiritismo, una máscara grotesca; y, por supuesto, sustos, utilizando a menudo unos trucos de mise en scène que hemos visto todos.
No es que odie la película, y no intento dar la impresión que está todo visto. Por ejemplo, me gusta que explore los trasfondos siniestros de un juego infantil que llamaría yo grandmother's footsteps (“un dos tres, toca la pared”). Pero su enfoque, en general, es demasiado familiar.
